 |
Editorial
Fata
Morgana,
S.A. de C.V.
Virgilio # 7 Desp. 12, Polanco, México 11560, D.F.
5280 - 0829 / 8137 /
0674
|
|
|
Tema
del Mes > Diciembre 2008 |
|
|
|
Introducción
Este
diciembre, mes en que anualmente se conmemora en México el
“Milagro del Tepeyac”, Editorial Fata Morgana se complace
de nuevo al presentarles otro espléndido artículo de
nuestra amiga y colaboradora, la filósofa Patricia Ortega
Henderson, en el que hace gala de su universal cultura y profunda
capacidad de reflexión.
“Guadalupe:
Historia y Símbolo”… es un excelente
análisis histórico, social, religioso y
psicológico tras la imagen de la Virgen del Tepeyac,
representación y constancia de la reconciliación entre
dos mundos que se fusionaron hace casi 500 años, pero sobre todo
–y con vigencia actual y permanente– del poder
detrás del Principio Femenino Positivo y de la Dualidad Divina,
el Ometeotl o Dios Dos náhuatl.
Patricia
nos lleva por un docto y ameno desarrollo del tema, hasta culminar
ofreciendo una propuesta filosófica de vida y esperanza, de
creación y conciencia.
¡¡¡ Gracias Paty por tu colaboración !!! Esperamos que disfruten de esta interesante lectura.
Equipo editorial Fata Morgana
Diciembre, 2008
Guadalupe: Historia y Símbolo
Por Patricia Ortega Henderson
Momentos Históricos
GUADALUPE: ¿cuál es el
origen y significado del nombre? Nombre admirable por dos
significaciones: una histórica procedente de España y, la
otra, una mística de origen náhuatl. Guadalupe, nombre
esencialmente español emanado del árabe, tiene una
semejanza fonética con el que la Virgen dió a Juan Diego.
Son varias las interpretaciones del náhuatl: de QUATLALAPAN,
compuesto de cuáhuitl: “árbol”, tlalli:
“tierra”, atl: “agua” y pan: “en”:
(“la virgen del paraíso”). Según otra deriva
de TECUANTLANOPEAUH (“la que tuvo su origen en la cumbre de las
peñas”). Otra explicación reconoce en Guadalupe la
voz COATLAXOPEAU (“la que pisoteó a la serpiente”).
Guadalupe es un nombre familiar a
ambos, españoles e indios, pero se ha vuelto mexicano por
excelencia. El nombre de la Virgen del Tepeyac, Guadalupe, llega al
Nuevo Mundo con Colón, quien da el nombre a una isla antillana.
Se llama Guadalupe, también, la patrona de los extremeños
y de los conquistadores. Cortés, devoto de ella, murió
con su imagen en la mano.
La tradición guadalupana en
México tiene más de 475 años. En España, se
remonta a la época de Cristo. San Lucas, el evangelista,
vivió con María, la pintó y la esculpió y
se han documentado milagros desde entonces. La escultura de San Lucas,
en el siglo VI, la tenía en su oratorio particular el papa
Gregorio el Grande, quien envió a Sevilla la imagen milagrosa de
la Virgen a su amigo San Isidoro durante una época de grandes
desgracias, las epidemias cesaron, el mar se calmó,
realizó incontables milagros. La imagen milagrosa fue venerada
en Sevilla hasta la invasión de los árabes. Para salvarla
de la destrucción, la ocultaron en una cueva en la sierra de
Extremadura, de la que bajaba un río que los árabes
llamaron UAD-AL-HUB que significa “río de amor”. (1)
En esa cueva durmió la Virgen milagrosa por 600 años
hasta que en 1320, la Virgen se le apareció a un humilde pastor
que pasaba por ahí con su rebaño, y le pidió que
le consagraran una capilla. (2)
Las primeras fuentes publicadas en la Nueva España acerca de “El acontecimiento
Guadalupano” –desde el libro escrito por el famoso
predicador y teólogo Miguel Sánchez en 1648, hasta el
conocido poema de Sor Juana Inés de la Cruz que pinta a la
Virgen: “La compuesta de flores Maravilla/ divina Protectora
Americana/ que a ser se pasa Rosa Mejicana/ apareciendo Rosa de
Castilla” (3), presentan a Nuestra Señora de Guadalupe
asociada con la mujer del Apocalipsis 12, perseguida por el
dragón: “Y apareció en el cielo una gran
señal: una mujer cubierta de sol, y la luna debajo de sus pies y
en su cabeza una corona de doce estrellas”. Estos autores
identifican a la “prodigiosa imagen” del Tepeyac con la
visión central de San Juan en Patmos: Guadalupe es la mujer que
pisotea a la bestia del Apocalipsis. Al respecto, Jacques Lafaye
escribe en 1974, en su notable libro Quetzalcóatl y Guadalupe:
“Recordemos los primeros versículos del Apocalipsis 12,
que hacen aparecer de golpe a la imagen de Guadalupe del Tepeyac como
la expresión plástica de la mujer del
“Apocalipsis” (4).
Por
otro lado, en el Nican Mopohua (5) (la relación en idioma
náhuatl de las apariciones guadalupanas, S. XVI, en donde se da
una expresión consumada de Teología India, como
síntesis de la cosmovisión religiosa náhuatl y de
la cristiana), se puede ver que para los indios no hubo cambios
profundos en su creencia tradicional en TONANTZIN, de to:
“nuestra”, nantli: “madre” y el reverencial
tzin: (“Nuestra Venerable Madre”). Nombre dado a COATLICUE
(“la de la falda de serpientes”) que, a su vez, se
había identificado con la diosa madre original CIHUACOATL
(“mujer serpiente”). Su templo estaba en el Tepeyac, donde
apareció más tarde la Virgen de Guadalupe. El nombre de
Tonantzin, Nuestra Venerable Madre, lo heredó, hasta la fecha,
la Virgen de Guadalupe. TONANTZIN/GUADALUPE es una advocación de
la madre de los dioses antiguos y, asimismo, es la Virgen María
de los cristianos. Esta es la visión que pervive en el
corazón del México Profundo.(6) No es un secreto para
nadie que el catolicismo mexicano se concentra en el culto a la Virgen
de Guadalupe. Ella es la Patrona de los mexicanos, vástagos, en
el espíritu y en la carne, de dos mundos contrapuestos.
Como es sabido, la Conquista coincide
con el apogeo del culto de las divinidades masculinas tanto entre los
aztecas como en el cristianismo de los españoles. (En la
teogonía azteca, COYOLXAUHQUI, diosa de la luna, es
dramáticamente despedazada por la cultura masculina de los hijos
del sol a través de su dios HUITZILOPOCHTLI y, en la
mística de las guerras floridas y los sacrificios humanos,
someten y mutilan a las otras culturas). La derrota de estos dioses -pues
eso fue la Conquista para el mundo indio: el fin de un ciclo
cósmico y la instauración de un nuevo reinado divino-,
produjo un retorno a las antiguas divinidades femeninas; he aquí
sin duda una de las causas de la rápida popularidad de la
devoción a la Virgen. Las diosas madres-vírgenes antiguas
Tonantzin, Coatlicue, Cihuacóatl, eran diosas de la fecundidad
ligadas a los ritmos cósmicos, los procesos de vegetación
y los ritos agrarios.
La Virgen católica es para los
indios también “madre”, ella es el consuelo de los
pobres, el escudo de los débiles, el amparo de los oprimidos,
madre de dioses y hombres, de astros y hormigas, del maíz y del
maguey... Exterminados sus sacerdotes y destruidos sus ídolos,
cortados sus lazos con el pasado y con el mundo sobrenatural, los
indios se refugiaron en las faldas de Tonantzin/Guadalupe “...de
madre-montaña... de madre-agua”. (7)
Siguiendo
la traducción del náhuatl sobre el “Gran
Acontecimiento”, la historia de las apariciones comienza ...un
frío día de invierno muy temprano al amanecer, Juan
Diego, un indio piadoso va en camino... oye el canto exquisito de
pájaros preciosos... ve que el cerro del Tepeyac se ha cubierto
de flores brillantes..., entonces se pregunta maravillado:
¿dónde estoy?... ¿estoy acaso en el cielo?…
El símbolo: IN XOCHITL IN CUICATL “Flor y Canto”,
resume todo lo grande, lo bello y lo bueno que puede experimentar el
ser humano, lo único verdadero en la tierra. Es el lugar donde
habita y la vía de acceso (para el conocimiento humano limitado)
para concebir a OMETEOTL “Dios Dos”, el principio Dual
masculino y femenino. La narración continua …de pronto
Juan Diego escucha una voz dulce que lo llama por su nombre
“...tú el más pequeño de mis hijos... soy la
siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien
se vive, Creador quién está en todo, Señor del
cielo y de la tierra...” Ella habla y se descubre: Ella es la
Madre del dios Creador supremo Ometéotl, Señor y
Señora de la Dualidad.
Sobre el tema del Ometéotl
náhuatl como una de las creencias fundamentales de la antigua
religión, H Encarnación Anízar, filósofo de
la liberación mexicano, menciona cómo recientemente
Ometéotl se ha asociado por destacados teólogos y
filósofos católicos con la Virgen Madre de Guadalupe. El
Principio Dual toma la iniciativa de llamar y venir al indio Juan
Diego. Y da la posibilidad, a todos: mestizos, indios y criollos, de
llegar a ser hijos de la gran Tonantzin, “la Madre del verdadero
Dios por quien se Vive”. Desde esta perspectiva, hace notar el
filósofo alemán H. Beck, el evento guadalupano recobra
nueva actualidad como símbolo y síntesis en la
teología del siglo XXI y gana una dimensión nueva que
aún no tiene la cultura cristiana europea. Además, el
teólogo de la liberación L. Boff, habla del
“método liberador” de la Virgen morena que
permitirá la gestación de una Iglesia Amerindia en
nuestro Continente. La Guadalupana es el “Rostro Maternal de
Dios”. Recordemos la frase del Papa Juan Pablo I: “Dios es
padre, pero sobre todo madre”. Hoy día, en la
Teología India de Liberación, el sacerdote zapoteco
Eleazar López, habla de “Dios, Padre y Madre”. (8)
Sin embargo, no fue sino hasta 1945,
que la norteamericana Helen Behrens, por primera vez descubrió
que la imagen de la Señora del Cielo que milagrosamente aparece
en la manta de Juan Diego es un AMOXTLI... un
“códice” indígena. En 1531, miles de indios
reconocieron al instante el mensaje colectivo, pictográfico y
simbólico, que contiene todos los valores indígenas. (9)
Símbolo: La Maravillosa Imagen colectiva
En primer lugar se trata de una VIRGEN
MORENA (10), el lugar de su aparición al indio Juan Diego, es
una colina que fue antes santuario dedicado a “nuestra
madre” diosa de la fertilidad. Ella es la sucesora de Tonantzin,
la diosa de la tierra y del maíz, la pequeña madre-virgen
de los antiguos. Su rostro moreno es de una joven mestiza, se muestra
como una virgen que espera a un niño, preñada de Dios.
Guadalupe es la imagen colectiva de la encarnación viva de Dios
que asume en la oscuridad de su vientre el hijo-sol de la conciencia
masculina: CRISTO/QUETZALCOATL.
Su ropaje es de color rosa bermejo y
está bordado con flores que simbolizan el Tepeyac florido (in
xochitl in cuicatl) en pleno invierno. Las flores, tan relevantes para
los indios que las consideraban un don de Dios a través del cual
podían ponerse en contacto con Su belleza y grandeza, la Virgen
las envía, con Juan Diego, al obispo como señal de su
deseo de que se le construyera un santuario en ese sitio. El milagro de
las flores también pintó la maravillosa imagen en la
tilma de Juan Diego que se venera en el Tepeyac hasta hoy. TEPEYAC
significa en náhuatl: “cerro del hablar o el cantar
nuevo”. Del hablar, del cantar la Verdad. Su velo es azul
celeste, cae a sus pies salpicado de estrellas de oro y constelaciones
que indican la fecha del milagro.
Aparece en medio del sol cuyos rayos
la rodean por todas partes. La luna en creciente debajo de sus pies. Un
ángel entre nubes la va llevando sobre las manos, el
ángel es Cuauhtlatoa, (“el águila que
habla”), el mensajero; las alas del ángel son de tres
colores: verde, blanco y rojo, colores que se asignan al dios
TEZCATLIPOCA. Estos tres colores se dieron oficialmente a la Bandera
Mexicana en 1821.
Para los indios ésta imagen
significó la salvación de su raza. Guadalupe surge como
un nuevo símbolo mexicano de unidad. Para los españoles
es, asimismo, la mujer del Apocalipsis perseguida por el dragón
descubierta en la devoción popular a las vírgenes
apocalípticas en la Edad Media. (11) La Virgen de Guadalupe es
el punto de fusión y reconciliación entre las creencias
del mundo indígena (natural, afectivo) y las creencias del mundo
cristiano-europeo (lógico-racional), impuesto por los
españoles. La exégesis oficial moderna tiende a rechazar
la asimilación de la mujer del Apocalipsis con la Virgen
María.
Vista desde la psicología
profunda, la aparición de la Virgen de Guadalupe fue la
respuesta del Inconsciente Colectivo a la situación de orfandad
en que dejó a los indios la Conquista. Guadalupe manifiesta el
simbolismo del Espíritu Femenino positivo en la cultura mexicana
(12). Representa la pervivencia de una imagen femenina divina. En el
fondo está la espiritualidad de la cultura autóctona: su
reunión y armonía con la naturaleza, divinamente abierta
y receptiva. Aquí la divinidad se entiende no sólo como
madre amorosa que da a luz, sino también como padre creador
supremo. La “Morenita del Tepeyac” integra la
sabiduría indígena y el culto a lo sagrado femenino que
la concepción religiosa unilateral de Occidente ha negado por
más de dos mil años. Esta imagen es, claramente, una
expresión espontánea y auténtica de simbolismo de
conjuntio. Psicológicamente, su supremo valor está en que
manifiesta un símbolo de totalidad y complitud. (13)
Guadalupe es el símbolo
nacional mexicano de unidad y emblema del poder no sólo
político sino cósmico. “La bandera privada no
oficial de los mexicanos” (14). Desde su aparición en
tiempos coloniales, en la Independencia, la Insurgencia, y a
través de toda la historia mexicana de los últimos 477
años, ella ha sido la guía de las causas de los
oprimidos, de los que no tienen voz, de los que sufren. En 1998, una
protesta de altos jefes del Ejercito Mexicano en la Ciudad de
México (algo nunca antes visto), tomó como bandera a la
Virgen de Guadalupe para marchar sobre el Paseo de la Reforma. Ese
mismo año, los obispos de San Cristóbal de las Casas en
su carta: “Acteal, la mujer del Apocalipsis y Guadalupe”,
comparaban a su diócesis con la mujer del Apocalipsis encinta
que es perseguida... “cuando los indígenas son masacrados,
es la madre la que también lo es; cuando ellos son perseguidos
por el sistema de poder, ella también lo es...”. El
emblema de la Virgen de Guadalupe trasciende las fronteras, los
migrantes indocumentados latinos en los Estados Unidos, escuchan
solícitos la llamada de su voz maternal e imploran humildemente
su protección. La Madre del Verdadero Dios por quien se Vive es
la gran ausente en la cultura moderna de la muerte y lo más
grave es que pocos se dan cuenta de ello. La Virgen de Guadalupe ha
sido exaltada con muchos nombres: Reina de México y Emperatriz
de las Américas, “La Estrella de la Primera y de la Nueva
Evangelización” (el Papa Juan Pablo II, le dio este
título durante su visita al Tepeyac en enero de 1999). La
estrella es el símbolo de ambos: su poder y su
glorificación. Su verdadera riqueza es la del poder del
Espíritu.
Ella es un símbolo de los dos
aspectos esenciales del Principio Femenino: receptividad y creatividad;
es una extraordinaria manifestación de la poderosa fuerza
transformativa de lo Femenino. (15) Ella encarna el Amor materno
incondicional que renueva todas las cosas, y por su cuerpo y su alma
humana, es posible el nacimiento del Divino Niño. El arquetipo
del Niño Divino es reconocido por C. G. Jung como “la
venida del Self en la realización conciente”. (16) Es
difícil imaginar un símbolo femenino positivo más
eficaz de esa fuerza VIRGEN procedente desde dentro y desde fuera,
(“virgen”, en el sentido psicológico de una
resistente matriz, abierta a ser fecundada por el Espíritu),
(17) que es de donde ha de nacer una nueva CONCIENCIA a través
de los poderes espirituales descritos en el Apocalipsis 2,19: Amor, Fe,
Servicio y Resistencia.
Así que aquí está
ella: la magnífica y espléndida mujer del Apocalipsis,
afirma D. H. Lawrence, pero ELLA ES ENVIADA AL DESIERTO… en
donde permanece escondida en el desierto en lugar de darle reverencia y
el honor que merece. Esta es la última vez que la vemos, ella ha
estado desde entonces en el desierto, La Gran Madre Cósmica
coronada y con su manto de estrellas, la MAGNA MATER. Desde su
huída, tenemos sólo vírgenes o prostitutas, medias
mujeres: la mitad mujer de la Era Cristiana… Y nunca ha sido
llamada de regreso. Esta es una manía anti-vida. Hoy la mejor
parte de la mujer está aprisionada en el Logos, ella no tiene
cuerpo, es abstracta. Esta Gran Madre Cósmica no tiene lugar en
el cosmos -o ¿caos?- del hombre, en la cultura de la muerte del
mundo occidental-patriarcal. Ella no tiene lugar, ya no
más… ¿Resurgirá?... ¿Será
posible redimirla?... ¿honrarla y darle el lugar que merece? (18)
La voz del Espíritu Femenino es
la llamada del poder del amor, de la compasión que tanto hace
falta en el mundo hoy. La llamada del Amor es el mensaje de
salvación revelado en la imagen milagrosa de la Virgen morena de
Guadalupe. Ella encarna la sabiduría femenina y la
sabiduría indígena. Ella nos invita tanto a dar a luz, a
la CONCIENCIA para que el mundo sobreviva, como a que se manifieste la
CREACION de una “Tierra Nueva” y un “Cielo
Nuevo”... “Esta tierra volverá a nacer”,
anuncia el Chilam Balam”. (19)
México, D.F. a 9 de octubre de 2008
Patricia Ortega Henderson
(1) Gutierre Tibón, Aventuras en México. Editorial Diana. México, DF, 1983, pp. 122-125.
(2) El historiador David
Blackbourn identifica como elementos comunes en las mariofanías
(Lourdes, Fátima y otras): la sencillez del humilde vidente, la
entrega del mensaje, el escepticismo original del clero, la
reacción hostil de autoridades civiles, las curaciones
milagrosas, y finalmente, el propósito de la Iglesia de crear un
culto oficial. Citado por J. Pelikan, Mary Through the Centuries. Her
place in the History of Culture,Yale University Press, New Haven, 1996.
p.179.
(3) Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz I, FCE, México, DF, 1988, p. 310.
(4) J. Lafaye, Quetzalcoatl y
Guadalupe. La formación de la conciencia nacional en
México, FCE, México, 2002, p. 324.
(5) J. L. Guerrero. Universidad Pontificia de México. México, DF, 1996.
(6) G. Bonfil Batalla, México profundo, Editorial Grijalbo, México, DF, 1989.
(7) O. Paz, Prefacio a: J. Lafaye, Op. Cit., p 21.
(8) Cf. H. Encarnación
Anízar, art. “Guadalupe y Acteal”, en El Sol de
México, México, DF, 12 diciembre 1998.
(9) J. L. Guerrero, Flor y Canto del Nacimiento de México, Edición del autor, México, DF, 1979, p. 263.
(10) Los colores tienen
significado: Morena o negra es el color de la fertilidad, el color de
las cuevas humedas y la riqueza de la tierra en donde comienza la vida.
En la “Introducción” de Marija Gimbutas, The
Language of the Goddess, Harper & Row Publishers, New York, N.Y.,
1989, p. XIX.
(11) Sobre el auge del culto
europeo a María en la Edad Media, Cf.: H. Kung. La mujer en el
cristianismo, Editorial Trotta, Madrid, 2002, pp. 70-77.
(12) El aspecto negativo del
arquetipo femenino en la cultura mexicana desde la Conquista, se ha
cargado a La Malinche (la madre terrenal de los mexicanos, opuesta a la
madre celestial). Ahora, 500 años después,
investigadores, filósofos y escritores se han dado a la loable,
justa y necesaria tarea de revindicarla. Ver: M. Aceves, Antilaberinto,
Fontamara, México, 1997.
(13) Para un análisis de
la imagen de la Mujer Sol-Luna Cf.: E. F. Edinger, The Apocalypse
Archetype: A Jungian study of the “Book of Revelation”.
Agradezco la copia del manuscrito a Louise C. Mahdi, analista junguiana
y editora de Chicago, USA.
(14) Richard Rodríguez,
Days of obligation: An Argument with My Mexican Father, Penguin Books,
New York, 1993, pp. 16-20. Citado por J. Pelikan, Op. Cit., p. 16.
(15) E Neumann, The Great Mother, Princeton University Press, Bollingen Series XLVII, N.J., USA, 1991, p. 24.
(16) C. G. Jung. Answer to Job, CW 11, par. 714.
(17) Es importante distinguir el
término “VIRGEN” en el sentido de integridad,
virtud, fuerza, vigor, poder, energía vital, intensidad. Es la
libertad a la creatividad, la potencia de una matriz resistente en
donde es posible la transformación espiritual.
(18) D. H. Laurence, Apocalypse, Penguin Books, London, England, 1995, pp.119-122.
(19) Termino con la cita del
Chilam Balam con que finaliza su artículo: “Guadalupe y
Acteal” el Dr. Prof. Humberto Encarnación Anízar,
quien fue arteramente asesinado, víctima de la violencia en la
Ciudad de México, como un modesto agradecimiento.
Patricia Ortega Henderson
es licenciada en filosofía, con especialidad en psicoterapia de
pareja. Cuenta con entrenamiento en Musicoterapia GIM (Guided Imagery
and Music). Es miembro de FAMI (Fellow of the Association for Music and
Imagery). Fundadora del Círculo de Mujeres zapotecas Dijagunaa.
Investiga aspectos del arquetipo femenino en la cultura mexicana
antigua y contemporánea.

|
|