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Editorial
Fata
Morgana,
S.A. de C.V.
Virgilio # 7 Desp. 12, Polanco, México 11560, D.F.
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Tema
del Mes > Junio 2006 |
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El Significado del Dinero y la Psique
Parte # 4
Por
Daniel de Laborde (*)
Rev. 17/5/06
En artículos anteriores (ver Partes # 1, 2 y 3,
en Temas de Meses anteriores) intenté proporcionar
algunas
referencias históricas y comentarios acerca de la carga
emocional que genera el dinero, ya sea de manera consciente o
inconsciente.
Sin embargo, quizás un análisis de su impacto en
mí mismo sea más ilustrador. Estos
artículos me
han permitido rastrear o anotar algunos de los pensamientos o
reacciones que tengo frente al dinero que gano, al que gasto y a mi
relación con lo material. Me doy cuenta, desgraciadamente,
que
mucho se mantiene inconsciente...
El dinero me genera inquietudes que trato de aminorar y hasta de
encubrir con distractores o con indiferencia. En el fondo, creo que hay
en mí un proceso de auto-engaño: el de pensar que
lo que
gano o tengo es suficiente; lo que consumo, lo hago con medida o
"sabiamente" y, que lo que doy, es generosa y
altruísticamente.
También, me imagino que el dinero no es tan importante para
mí como muchos dicen. Además, siento que evito
profundizar en el tema pensando que lo que hago es apegado al "sistema"
que nos rodea a todos, y por lo tanto que no hay gran cosa que hacer
mas que vivir en él respetando ciertas "reglas".
Voy a tratar de retomar por partes estos diversos aspectos.
LA SUFICIENCIA
El pensar que gano o tengo lo suficiente es posiblemente un acomodo
entre varios factores. Es claro que es "suficiente", si no a duras
penas estaría escribiendo, pero puede también
deberse a
un profundo deseo reprimido de tener más, mucho
más, de
ser visto, admirado y solicitado por mi "riqueza", pero para lo cual no
necesariamente me siento dispuesto a dedicar la energía que
corresponde. Tampoco estoy dispuesto a entregarme y hacerme responsable
de este anhelo latente y enfrentar los retos que requiere. Lo anterior
exige compromiso, esfuerzo, dedicación, valor para pelearse,
para vencer y lanzarse a "conquistar el mundo". En el fondo, el
"precio" a pagar me parece demasiado elevado y no estoy dispuesto a
pagarlo. Me quedo con algo que es "suficiente".
También, el ver mis ingresos o mi capital como suficientes,
puede ser el efecto de un trasfondo moral, de lo colectivo. La cultura
que heredé y las enseñanzas familiares siempre
fueron de
no caer en la trampa del dinero y de vivir "bien" con lo que se tiene.
Pero estos mensajes no siempre fueron o son del todo coherentes dado
que siempre hay, en lo cotidiano, referencias o alusiones admirativas a
lo que tienen los demás o al éxito de alguien en
base a
sus logros económicos.
Además, detrás de esos "sabios" comentarios de
vivir
"bien" con lo propio, puede esconderse un mensaje de
resignación, una recomendación velada de aceptar
las
cosas como son, implícitamente reprimiendo impulsos de
superación o de creatividad en campos mas allá
del dinero.
En mi caso, creo recordar un mensaje repetitivo de que el
éxito
profesional y ganar dinero son anhelos deseables pero que de ninguna
manera se trata de vivir para "hacer fortuna", un objetivo considerado
mas bien degradante. La diferencia entre los dos no siempre es
fácil de distinguir.
Igualmente, esta noción de suficiencia puede ser el producto
de
culpabilidad al ver pobreza y desigualdad en el mundo. ¿Como
podría yo justificarme el ganar más cuando otros
sufren
de escasez?. Resulta ser satisfactorio el "pensar" que si modero mis
ambiciones, es en el fondo una acción "altruista" aunque
pasiva.
Pero detecto una inconsistencia mayor. Si tal fuera mi
lógica
¿porqué entonces no luchar de manera
práctica para
aliviar o intentar erradicar pobreza?. Se trata de convertir la
pasividad en acción. Nuevamente, el precio a pagar, el
compromiso moral y el riesgo de ir en contra de un cierto modo de vida,
me parecen demasiado elevados. La comodidad de estar como estoy me
mantiene en este status
quo.
Otro punto sutil e inquietante es la atribución que me hago
de
lo que en el fondo no es mío y que contribuye a la
noción
de suficiencia. Al estar casado, ¿qué tanto no
estoy
asumiendo que lo que es de mi esposa es mío?.
¿Qué
tan explícita es esta "apropiación"?. Cuando
menciono que
tengo lo suficiente, ignoro la parte importante que aporta mi esposa y
de la que me permito disponer – con debida medida - como si
fuera
mía y viceversa. Por razones o excusas de "practicidad"
colapso
bienes e ingresos en un solo todo, pero me doy cuenta que, al no ser un
proceso explícito, hablado o acordado (ver Temas de Meses
anteriores, Parte # 3, Diciembre de 2005),
existe un malestar en ambos y que preferimos habitualmente no discutir
abiertamente en aras de no afectar la cohesión, el
equilibrio,
la "vida" de pareja.
También quiero mencionar la suficiencia (en dinero) como
"logro
de vida". Jung mencionaba (ver Temas de Meses anteriores, Parte
# 3, Diciembre de 2005)
que la
acumulación corresponde a una etapa de vida, a un ciclo
natural:
después de una fase en la que la prioridad es probarse y
comprobar que profesionalmente uno es capaz, acumulando lo que
socialmente es esperado de uno, viene una etapa de mayor
introspección. Yo haría el paralelo entre
acumular
capital y, posteriormente, gozarlo. Pero siento que la meta se va
recorriendo sola, que la acumulación no parece tener
límite y por lo tanto, que el concepto de suficiencia es
virtual. ¿Qué es lo que me impide declarar "esto
es
realmente suficiente para mi"? La energía acumulada a
través del dinero no parece llegar a un límite de
suficiencia. De hecho, más tarde, en la vejez, conforme
decrece
la energía vital, es común concederle mayor
energía al dinero. Se convierte en fuente de preocupaciones
o de
obsesión, de saber si "alcanzará" y desconozco la
forma
de detener el circulo vicioso de acumular más para estar
tranquilo, cuando éste genera inquietudes y el efecto
pernicioso
de desear aumentar lo acumulado.
EL CONSUMO
Otro elemento de inquietud en mi relación con el dinero es
lo
que hago con él o la forma en que lo gasto. Tiene una
relación con el concepto de suficiencia mencionado
anteriormente. Al comprar algo, trato de pensar si es necesario y me
doy cuenta de un mecanismo sofisticado de
auto-justificación.
Algunos de mis argumentos comunes son: "Es algo que necesitamos", "Hace
tiempo que lo estaba buscando" o "En mi casa van a estar encantados".
Pero en el fondo, ¿no se trata de una forma de
auto-gratificación?, ¿una forma de decirme que lo
merezco, que tengo la capacidad económica de compra, de
hacer
como los demás o lucirme frente a ellos o, simplemente, un
mecanismo para justificar, a su vez, el requerir de más
ingresos?
Me molesta ligeramente también la palabra "consumo" o
consumidor. Recientemente, por el tema de la ecología y de
economía sustentable, el consumir ha empezado a tener para
mí una connotación de desgaste de un recurso. En
la
naturaleza no se habla de la cantidad de sol o de nutrientes que
"consume" una planta. Solo se habla de un concepto de
alimentación, de nutriente y es importante recalcar que la
naturaleza sólo se alimenta con lo que necesita.
El malgasto de dinero es sinónimo de malgasto de
energía,
malgasto de vida y esto desencadena forzosamente la inquietud de
cómo evitarlo y también la de canalizarlo a un
enriquecimiento de otro tipo, de orden espiritual o de trabajo de alma.
Empujando este argumento al extremo, existe una noción de
paranoia en el gasto excesivo o compulsivo que lleva a un aislamiento
de los demás y a un resentimiento de éstos, que
puede
llevar al abuso mediante el proceso de envidia. A veces me siento
incómodo al comprar algo que me diferencia de los
demás y
trato de justificar la compra para evitar lo anterior. Pero no deja de
generar en mí, en un principio por lo menos, un sabor
desagradable.
Me es difícil separar el consumo realmente necesario del que
responde a un conformismo social o un deseo de lucirme. A la inversa,
también puedo reconocer cómo a veces trato de
ostentar
algo opuesto, como el no cambiar de coche en mucho tiempo...
LOS REGALOS
Siento que se ha desvirtuado el concepto del regalo y que no soy ajeno
a este cambio. Originalmente, en un ámbito de recursos
escasos o
de una mayor sensibilidad a la dificultad de construir, fabricar o
producir, el regalo tenía un simbolismo diferente.
Actualmente
tendemos con frecuencia a regalar para "quedar bien" o "devolver un
favor", poder pedir uno a futuro o "verse bien" en sociedad. El regalo
desinteresado tiende a ser la excepción y no me refiero
únicamente a lo material sino también a este
recurso que
todos tenemos: el tiempo.
Dicen que en algunas culturas es considerado de mala
educación
responder con un regalo a otro porque da la impresión de no
querer quedar en deuda, despreciando lo que podría ser un
gesto
incondicional. En nuestra cultura, se considera "normal" corresponder a
un regalo con otro y de una cuantía semejante. Se
desvirtúa la característica primordial de ser un
gesto de
corazón y asimismo no se recibe abiertamente.
En materia de filantropía, y ésto es un tema
delicado, no
sabemos hasta qué punto el gesto que tenemos es realmente
para
ayudar al otro o debido a una razón indirecta menos
fácil
de reconocer. Puede ser por culpabilidad ante lo recibido (es el caso
de herencias, por ejemplo) o por la forma en que esa riqueza fue
obtenida (v.gr. negocios poco éticos). Puede ser un
fenómeno tanto personal como del colectivo (v.gr. empresas
que
tratan de "limpiar" su reputación mediante donativos).
Yo me siento ajeno a lo anterior. Me cuesta mucho trabajo no pensar
porqué estoy recibiendo un regalo o porqué estoy
dando
uno. Creo que en el fondo se debe a una inseguridad personal el pensar
que a lo mejor los regalos me permiten ser percibido más
favorablemente. A la inversa, al recibirlos, el tratar de adivinar los
motivos del otro, pueden ser un fenómeno ya de desprecio
ante lo
que puede ser una mera generosidad o auto-devaluatorio. Es curioso
cómo sale fácilmente la frase "no te hubieras
molestado"....
EL SISTEMA QUE NOS RODEA
Tanto el impacto de mi educación como el de mi entorno
(trabajo,
amigos, etc.) me "sirven" para no indagar demasiado profundamente en
los efectos del dinero en mí. Pocos son los que tratan de
profundizar el tema. Con una conciencia tranquila de no robar,
desempeñar un trabajo valorado por la sociedad y de asumir
mi
tarea de proveedor o co-proveedor familiar, siento satisfacer lo que la
sociedad y familia requieren de mí. Esta es una
reacción
prácticamente inconsciente, no cuestionada. Pero justo, al
ser
un tema fácilmente ignorado, me cuestiono el
porqué, si
el dinero es fuente de tal energía y emociones, existe un
"hoyo
negro" al respecto en mi psique.
Nuevamente los temas de conveniencia y comodidad me vienen en mente...
¿Para qué cambiar algo que funciona?
EMPLEO VS. TRABAJO
Existe una diferencia sutil entre empleo y trabajo ("job" vs. "work")
que tiene un impacto directo sobre el dinero ganado en la actividad
profesional y la forma en que percibimos esa adquisición y
el
dinero en sí. Nuevamente, no es un concepto ajeno al de
necesidad. Curiosamente, no hay trabajo que deje de ser retribuido
aunque sea de manera diferida, hay una correspondencia universal. A una
pasión, a una entrega ("engagement"),
la vida responde generosamente, no se siente el requisito de un
esfuerzo energético para obtener una compensación
económica. Es Dios, o son los dioses, según las
preferencias, que se encargan de retribuir. Es el sentido profundo del
"Que Dios se lo pague"...
En el caso de un empleo, existe la connotación de una
necesidad
sin opción. Es un empleo de "8 a 6" o de "entrada por
salida" o
para "ganarse la vida", en donde la dimensión del trabajo
hecho
por placer, como trabajo del alma, como entrega desinteresada se ha
desvirtuado, viendo solamente el aspecto económico de la
transacción. Es medir consistentemente la equivalencia
económica de lo dado y lo recibido y ésto lleva a
desvirtuar el carácter del dinero.
Quizás el dinero obtenido a través de un empleo
no tenga
la dimensión "sagrada" del que se gana al "trabajar" y de
allí puedan brotar connotaciones de culpabilidad, gasto
indiscriminado o desprecio indebido al dinero.
Me considero afortunado en siempre haber tenido "trabajos" y no
"empleos". Recuerdo que mismo de joven, en trabajos de entrenamiento,
recibí mi sueldo con gusto y no con la sensación
de haber
sido explotado o engañado o midiendo el tiempo que
había
yo dedicado. Siempre fue suficiente. Estoy convencido que el "trabajo"
en el sentido de entrega y, sobre todo, valuando la riqueza de la
interacción con los demás, es fuente inherente de
dinero.
* * * * * *
Con estos comentarios personales me gustaría concluir esta
serie
de artículos (ver Temas de Meses anteriores), alentando a
todos a reflexionar sobre el tema del
dinero y sobre todo a no ignorarlo. Dicen que el dinero es un dios muy
particular. Teniéndole miedo genera codicia y,
despreciándolo, es capaz de generar muchos tormentos. Sin
embargo, es fuente de mucha energía positiva cuando se le
trata
con el debido respeto y se dialoga con él. Me doy cuenta que
estos artículos son sólo un sobrevuelo, pero
espero el
suficiente para explorar este universo. Gracias a todos por esta
oportunidad de compartir algo personal.
(*) Daniel de Laborde es asesor financiero independiente en
México, desde 1985. Es co-fundador de Yturbe, Laborde y
Asociados, S.C., despacho especializado en atender las necesidades de
individuos en el manejo de su patrimonio financiero.

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