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Editorial
Fata
Morgana,
S.A. de C.V.
Virgilio # 7 Desp. 12, Polanco, México 11560, D.F.
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0674
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Tema
del Mes > Mayo 2009 |
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Nota: Lo invitamos a participar,
enviando a nuestro E-Mail
sus comentarios respecto al Tema del Mes y Temas de Meses anteriores,
que con gusto haremos llegar a los autores respectivos.
¡Qué contradicción, qué paradoja de opuestos!
Por Dra. María Abac Klemm
Nuestra
titánica, moderna y globalizada Ciudad de México,
reducida y vulnerada por un ser minúsculo, imperceptible a la
simple vista, ¡un virus!
El tema del que había pensado escribir este mes de mayo era
sobre la interesante relación psíquica entre el suicidio
y el agua (ya lo haré posteriormente). Pero los acontecimientos
recientes en la Ciudad de México me hablan de otro tipo de
suicidio, del que deseo comentar ahora por su relevancia: ¡el
suicidio de nuestra parte humana!
Los sucesos actuales -debidos a la epidemia por el virus de la
“gripe porcina”- y las correspondientes actitudes sociales,
como si se tratara de una espeluznante parodia, logran exactamente
representar lo que esta sucediendo al Ser humano de hoy en día
(en todas las geografías): la deshumanización.
El escenario y la trama son: la ciudad casi desierta, no estar cerca de
nadie, no ser amables en nuestra fisicalidad -al no darnos la mano o
saludarnos amablemente de beso, por ejemplo-, salir de casa lo menos
posible, no convivir en grupo -por el temor a ser transmisores o
contagiados por el virus-, el silencio y la incomunicación
implícitos en el uso del tapaboca, etc., en pocas palabras...
¡paranoicos el uno del otro!
¡El desenlace solo puede ser el suicidio de nuestro lado
humano!... en esta ocasión producto de una paradójica
tensión entre lo titánico versus
lo minúsculo, la Ciudad de México y el virus que nos
aqueja... pero ¿cuántas otras formas encontrará
esta tensión para hacerse presente? ¿cuántas otras
formas habrá de eliminar nuestro lado humano? ¿va la
especie humana hacia la pandemia del suicidio psíquico?
Ya mucho se ha especulado acerca del porqué nuestra ciudad fue
“elegida por el virus”... entre muchos otros factores
físicos, sociales y psíquicos, menciono algunos que desde
mi perspectiva junguiana considero de interés: que es una ciudad
altamente estresada, que se vive con mucho miedo e inseguridad, que es
una ciudad enorme y un pandemónium, donde las distancias son
largas, agotan la paciencia y producen agresión, que es una
ciudad poco humana, que no tenemos mucho contacto con los demás,
que no hay tiempo de sonreír y menos para reír, que
andamos siempre de prisa, etc. La paralización de la
economía traerá consigo, sin duda, serios trastornos
psíquicos adicionales entre la población. ¡Todo lo
anterior desgasta nuestro sistema inmunológico!
¡Es triste constatar hasta dónde hemos llegado! Ayer que
salí a trabajar, encontré un Polanco vacío
(Polanco es la comunidad en la que se encuentra mi consultorio en la
Ciudad de México, y se caracteriza por ser muy concurrida,
bulliciosa y llena de actividad): negocios cerrados, los pocos seres
que caminábamos lo hacíamos aislados, silenciosos…
y pensé que esta medida sanitaria también podía
ser usada desde un lado oscuro: llevarnos al aislamiento, para
así pedirnos -o imponernos- algo, y que por miedo nos sometamos.
¡El miedo, el pánico, son formas utilizadas desde siempre
para doblegar voluntades! Tener a un Ser aislado, sin
comunicación ni fisicalidad, es hacer un Ser fácilmente
vulnerable a cualquier fuerza, ya sea externa o interna, en especial a
las oscuras. Sobre este aspecto de sombra colectiva, el Lic. Daniel de
Laborde amablemente me hizo llegar el link de Internet de un video muy fuerte pero interesante, que narra acerca de Naomi Klein y el Shock Doctrine... se los comparto.
Necesitamos “ventilar”, por decirlo así, esta ciudad
inmensa. Necesitamos vivir sin tanto miedo ni estrés, y con
mejores formas de asepsia y relación humanas.
¡Se requiere cambiar esta actitud hacia nuestra humanidad! Con
ello concienciar nuestra sombra, crear vínculos con ética
-y si no hay ética, como en el caso de los sociópatas, al
menos someterse a principios morales- que nos permitan poner límites
adecuados a los demás y a nosotros mismos, aprender a respetar
los espacios comunes -urbanos y naturales-, ser considerados con
nuestros congéneres y mantener nuestra ciudad y planeta lo menos
contaminado y limpio. Y lo anterior nos concierne a todos, porque este
desequilibrio es “hijo de todos”, así como se
decía en el Olimpo del mítico dios Pan -el posterior y
cristiano Luzbel-, quien hace presencia en las tan actuales
palabras: pánico, pandemia, pandemónium.
¡Tenemos que aprender a estar en Tao! Es decir, lograr armonizar
nuestro Ser, mantener tanto lo físico, el alma y el
espíritu en armonía. Jung citaba constantemente, para
ilustrar la importancia del Tao, el cuento oriental de “El
Hacedor de lluvia”, que aplica bastante bien en nuestra
situación:
El Hacedor de lluvia
Hubo
una gran sequía donde Wilhelm vivía; durante meses no
había caído ni una gota de lluvia, y la situación
se volvió catastrófica. Los católicos
hacían procesiones, los protestantes oraban y los chinos
quemaban pebeteros y hacían disparos al aire para asustar a los
demonios de la sequía, pero sin resultado. Finalmente los chinos
dijeron: “Iremos a buscar al Hacedor de la lluvia.” Y desde
otra provincia apareció un viejecito arrugado como un pergamino.
Lo único que pidió fue una casita tranquila en alguna
parte, y allí se encerró durante tres días. Al
cuarto día se juntaron las nubes y hubo una gran tormenta de
nieve en una época del año en que no se esperaba nada de
nieve, una cantidad inusual, y la ciudad estaba tan llena de rumores
acerca del maravilloso Hacedor de la lluvia que Wilhelm fue a
preguntarle al viejecito cómo lo había hecho. En una
típica forma europea le dijo: “A usted lo llaman el Hacedor de la lluvia, ¿puede decirme cómo hizo
llover?” Y el viejecito le contestó: “No fui yo el
que hizo llover, yo no soy responsable.” “Pero,
¿qué hizo entonces en estos tres días?”
“Oh, puedo explicar eso. Yo vengo de otro país donde las
cosas están en orden. Aquí no lo están, no
están como deberían estar por ordenanza del cielo. Por
eso el país no está en Tao, y yo tampoco estoy en el
orden natural de las cosas porque estoy en un país que no
está en orden. De modo que tuve que esperar tres días
hasta que retorné a Tao y entonces naturalmente Tao hizo
llover.”
¡Quizá esto es lo que necesitábamos, para en
nuestro retiro ponernos en Tao! Les deseo la mejor salud, y bienestar
espiritual y físico.
Dra. María Abac Klemm
Mayo 2009

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