 |
Editorial
Fata
Morgana,
S.A. de C.V.
Virgilio # 7 Desp. 12, Polanco, México 11560, D.F.
5280 - 0829 / 8137 /
0674
|
|
|
Tema
del Mes > Mayo 2008 |
|
|
|
El cuento del Príncipe Serpiente
Este
mes les presentamos un cuento. Nos gustaría que nuestros
lectores opinaran sobre él y su forma de redimir la
monstruosidad del alma.
Esta forma
de trabajo (la del cuento) es muy opuesta a la forma moderna de hacer
terapia. Después de leer las opiniones de Ustedes, voy a tratar
de escribir lo que a mí me ha significado este cuento, en
relación a mis casi 40 años aplicando terapia.
Los invito a dar sus opiniones…
Dra. María Abac Klemm
El Príncipe Serpiente

Había una vez un Rey y su amada
Reina, quienes vivían en dichosa felicidad, excepto por una
cosa: no tenían hijos. Un día, la Reina llena de
tristeza, consultó a una vieja adivina que vivía en el
bosque y le fue dicho el remedio a su esterilidad. Debería poner
una pequeña vasija boca abajo en su jardín, dijo la
adivina, y a la mañana siguiente ella encontraría dos
rosas, una blanca y una roja, creciendo debajo de ésta en un
mismo tallo. Si se comiera la rosa roja, tendría a un
niño; si comiera la rosa blanca, a una niña. En cualquier
caso, tendría que elegir una u otra. Si se comiera las dos,
resultaría una catástrofe.
La Reina estaba extasiada e hizo tal
como la anciana dijo, pero después de comerse la rosa blanca, le
entró la codicia, olvidó su promesa y se comió la
segunda rosa también. Cuando llegó el tiempo del parto
nacieron unos gemelos, pero el primero en nacer fue una horrible
Serpiente con brazos y piernas. La Reina quedó terriblemente
asustada al verla, pero de un movimiento rápido la jaló y
la quitó de la vista, de manera que nadie más la vio.
Además, justo después de la Serpiente nació un
precioso niño, quien era tan maravilloso y apuesto y
hacía a todos tan felices, que la Reina vivió su vida
como si la Serpiente nunca hubiera existido.
Muchos felices años
después, el gallardo Príncipe partió en una
carroza real en busca de aventuras y de una esposa. Sin embargo, apenas
había llegado al cruce de caminos, que una enorme Serpiente con
colmillos amenazadores apareció detrás de él y
silbó. “¡Una novia para mi antes de una novia para
ti!” El Príncipe regreso de inmediato al castillo y el Rey
estuvo a punto de enviar un ejército a combatir a la bestia,
cuando la Reina pensó que era el momento de confesar que la
Serpiente había tan solo reclamado lo que era su derecho
—era quien había nacido primero y tenía el derecho
a casarse primero.
A partir de entonces comenzó
una “prolongada y aburrida sesión para debatir qué
debía hacerse” y, al terminar ésta, el Rey
concluyó que si el Príncipe había de casarse,
entonces sería mejor encontrar primero una novia para el
Príncipe Serpiente. Esto era más fácil decirlo que
hacerlo, así que el Rey envió a buscar por una Princesa a
los más distantes países en los que pudo pensar. La
primer Princesa llegó, e inocentemente se dejó envolver
en las festividades de la boda, hasta que ya era demasiado tarde para
arrepentirse; a la mañana siguiente no quedaba nada de ella y la
Serpiente tenía la apariencia de haber dormido placenteramente
después de una buena cena. “Después de un corto
pero respetuoso período” el Príncipe volvió
a salir, solo para ser confrontado una vez más por la Serpiente,
¡más impaciente que nunca! De nuevo fue encontrada una
Princesa, a quien tampoco se le permitió ver al novio, hasta que
ya fue muy tarde. Después de la noche de bodas, ella
también era, tan solo, una protuberancia en el abdomen de la
Serpiente. Volvió a salir el Príncipe y de nuevo fue
detenido en el cruce de caminos por su hermano Serpiente. En esta
ocasión, el Rey iba acompañándolo. No pudieron ser
encontradas más princesas y el Rey, en su desesperación,
decidió solicitar a uno de sus humildes pastores, quien
vivía en una cabaña en el bosque, por su hija como la
próxima esposa de la Serpiente. El pastor se negó pero el
Rey no aceptaba un “no” como respuesta, de manera que la
adorable chica fue notificada de su destino.
La hija del pastor estaba llena de
pena. Lloró y corrió a través del bosque,
sollozante y desolada, hasta que de repente topó con una vieja
adivina —aparentemente, la misma que veinte años antes
había aconsejado a la Reina en su tristeza— y a esta
anciana le expresó sus apuros. “Seca tus ojos mi
niña —y has exactamente lo que te diga”, dijo la
adivina. “Cuando la boda se termine, debes pedir ser ataviada con
diez prendas de seda, y cuando la Serpiente te pida quitarte una
prenda, tu le pedirás que te ofrezca un cambio de piel. Cuando
esto suceda nueve veces, él será tan solo una masa
serpenteante de carne y entonces deberás azotarlo fuertemente
con un lazos remojados en lejía. Una vez hecho esto,
báñalo en leche fresca y finalmente, tómalo entre
tus brazos y abrázalo cerca de ti, tan solo por un breve
momento.” “¡Ugh!” lloró la hija del
pastor, “¡Nunca podría hacer eso!”,
“¡Es eso o ser devorada!” increpó la anciana y
desapareció.
De manera que cuando la boda
terminó y la horrenda Serpiente estaba frente de ella en la
cámara nupcial —mitad hombre, mitad serpiente—, la
repulsiva criatura se giró y le dijo: “Bella virgen,
quítate la prenda”. “Príncipe
Serpiente,” ella contestó, “retírate una capa
de piel.” “¡Nadie se ha atrevido a pedirme eso
antes!” silbó enojado, y por un momento ella pensó
que la devoraría, pero en lugar de eso él comenzó
a dar quejidos y gemidos y a serpentear, hasta que una dura y larga
capa de piel de serpiente yació en el suelo. Ella se
quitó la primer prenda de seda y la tendió sobre la piel
en el piso. Y así siguió la noche, a pesar de sus
protestas y sus quejidos, serpenteos y escupitajos, hasta que al final
él era tan solo una burda, gruesa y pegajosa masa, “ya
retrocediendo, ya rodando, ya resbalando sobre todo el piso.”
Entonces la hija del pastor tomó unos lazos, los baño en
lejía como le había sido dicho, y lo azotó con
todas sus fuerzas. Cuando quedó exhausta, lo bañó
en leche fresca y lo tomó, ya completamente sumiso, en sus
brazos y lo abrazó cerca por un momento, antes de quedarse
dormida.
A la mañana siguiente, el Rey y
su corte vinieron con pena a la cámara nupcial —temerosos
de entrar. El rey abrió de par en par la puerta. Ahí
estaba la adorable hija del pastor, toda cubierta por el rocío
del amanecer, Y en sus brazos ya no estaba la Serpiente “sino un
esplendoroso Príncipe, tan hermoso como verde es el
pasto.” El palacio se llenó de júbilo con este
descubrimiento y después del regocijo vino una
celebración de bodas como nunca se ha vuelto a ver. Desde ese
entonces, el Príncipe y su nueva Princesa reinaron felices por
siempre.

|
|