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Editorial
Fata
Morgana,
S.A. de C.V.
Virgilio # 7 Desp. 12, Polanco, México 11560, D.F.
5280 - 0829 / 8137 /
0674
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Tema
del Mes > Marzo 2008 |
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Homenaje a la doctora y analista junguiana
Sonja Marjasch
(1927-2007)
El
pasado noviembre, estando de viaje por Suiza, me llegó una
desagradable noticia: fui advertida de que Sonja Marjasch estaba muy
enferma, pero que sí sería posible verla para poder
despedirme de ella. Esta coincidencia de tiempos y espacios, originada
por un evento no grato, la considero muy afortunada y oportuna, pues
trajo a mí una hermosa reconciliación con quien fuera mi
analista, maestra y amiga.
Fue durante el "I
Encuentro Interdisciplinario, Símbolos y Arquetipos en el Hombre
Contemporáneo" —organizado en la Ciudad de México,
en 1991— que se dio mi separación de la sociedad junguiana
que yo había fundado en el país, a mi regreso de Zurich;
esta disociación marcó también mi alejamiento, por
muchos años, de Sonja, a quien invité como conferencista
de dicho evento.
A partir de ese momento
se abrió para mí la posibilidad de encontrarme conmigo
misma; de descubrir que a pesar de ser psicóloga por
formación, mi base —mi naturaleza— es de artista.
Separándome del grupo junguiano y caminando sola, me
afirmé como "Artista del alma", logro en el que Sonja participó en forma indirecta pero contundente.
El reencuentro con Sonja,
hace unos meses, me permite cerrar un círculo que ha sido muy
creativo para mí, nacido de aquella separación. A ella le
agradezco toda su aportación y riqueza de conocimiento. Sonja
fue también una "Artista del alma"; un ser cuya alma contuvo una
abundancia de vitalidad y de creatividad.
Se fue una mujer muy
original, como analista abrió siempre posibilidades a la
creatividad de la psique; una persona de un sentido del humor muy
especial; un ser relacionado con la naturaleza de forma única y
peculiar (recuerdo nuestras sesiones de análisis, donde
compartíamos en su casa con el gato, el perro, los ratones y los
pájaros).
Hasta pronto Sonja,
¡Que tu viaje a la integración con la esencia haya sido
tan bello y rico como tu vida! ¡A nosotros nos queda lo bello de
tu alma!
En este último
encuentro con ella, me entregó el documento con la ponencia que
dio en el congreso ya mencionado, con la indicación y
autorización para publicarlo en español. ¡Es para
mí un gozo, un placer, compartir el legado de Sonja con Ustedes!
Dra. María Abac Klemm
Símbolos en transición
Autor: Dra. Sonja Marjasch
(Parte 1 de 2)
Una contribución al:
I Encuentro Internacional Interdisciplinario
Símbolos y Arquetipos en el Hombre Contemporáneo.
Realizado en la Universidad Autónoma Metropolitana.
Xochimilco, Ciudad de México, 1991.
Mi sincero agradecimiento a:
María Abac, Claire Bonney, Siri Ness, Gaby Rüfenacht y Marc Zumstein.
Suklea Press
Aesch-Forch, CH
Edición Privada, 2006
Damas y caballeros:
Agradezco mucho la invitación,
el que hayan venido aquí y el mostrar interés en
“Los símbolos en transición”.
En lugar de hablar sobre los
símbolos, quisiera intentar introducirlos al entendimiento
simbólico, que incluye la experiencia sensorial del cuerpo. Con
el fin de evocarlo en ustedes usaré diapositivas, que
seguramente serán más elocuentes que las palabras
(aquí, reemplazadas por fotos).
No existe algo que se entienda como
símbolo aislado. Un símbolo siempre forma parte de una
red de símbolos. Si este se separa de la red, el campo
energético numinoso se colapsa y se convierte meramente en un
signo convencional. Esto sucedió recientemente en la
Unión Soviética; en el transcurso de los eventos
dramáticos, la bandera roja con el martillo y la hoz
—alguna vez símbolo de la Revolución— se
convirtió meramente en el signo del partido comunista, mientras
que la vieja bandera rusa de rayas se volvió el símbolo
entusiasta de la esperanza en la libertad del pueblo. “Yo no
sabia que los símbolos siguen siendo tan importantes”, me
comentó un joven observador del oeste. Para mí es una
coincidencia muy significativa el hecho de que justo en este periodo se
llevó a cabo el plan de hacer la traducción al ruso de la
Colección de Obras Completas de Jung.

En el cambio de estaciones, por lo menos en Suiza, un símbolo
puede tornarse en un mero signo y puede regresar recargado de
energía cuando es su tiempo de resurgir. La costumbre de pintar
huevos en Pascua es muy antigua. El huevo decorado sigue siendo un
símbolo potente. Se prefiere el color rojo, porque introduce al
huevo blanco dentro de la red simbólica de sangre, muerte, y
renacimiento, fecundidad y renovación. Fuera de la
estación, el color rojo tiene un carácter significativo
en Suiza; cuando compramos en una tienda huevos “blancos”
significa huevos frescos, mientras que los “rojos”
significan huevos duros-cocidos.
Un símbolo también puede tener otro destino, que para
mí es alarmante; y con el fin de transmitirles este aspecto que
me inquieta, les muestro las siguientes dos fotos:
Una, la pintura de Piero della
Francesca, “La Virgen y un coro de ángeles adorando al
Niño Jesús”; la otra, es un anuncio comercial
navideño de una tienda muy exclusiva en Suiza.
¿Qué ha pasado?
El símbolo del Niño
Jesús, como regalo de Dios a la humanidad, ha cambiado para
muchas personas por la costumbre de intercambiar regalos bajo el
árbol de Navidad. Al ser Suiza un país tan rico, los
regalos no satisfacen las necesidades reales, así que la
envoltura se ha vuelto cada vez más importante. A los
empresarios de esa tienda, se les ocurrió volar a Japón y
traer a una señorita que era experta en hacer envolturas
exquisitas. En su anuncio, se muestran ella y tres hombres de negocios,
representando a los Reyes Magos, adorando en lugar de al Niño
Jesús, preciosos estuches vacíos.
¿Cómo pudo suceder esto?
Entre todas las respuestas posibles,
yo creo que tiene que ver con la falta o pérdida del
entendimiento simbólico. El entendimiento simbólico no es
lo mismo que el conocimiento simbólico, o mejor dicho, el
conocimiento sobre el significado de ciertos símbolos. Este tipo
de conocimiento siempre ha estado en poder de los especialistas, ya sea
en el campo de la teología, la psicología, la
etnología o la historia del arte. El conocimiento
simbólico está generalmente relacionado con los
símbolos de las llamadas grandes religiones. El historiador
clásico Martin Nilsson, compara las grandes religiones con los
bosques de árboles altos y las religiones folklóricas y
su arte, con los arbustos. Los arbustos se caracterizan por proteger su
tierra de la erosión. El arbusto es increíblemente tenaz
y desaparece únicamente cuando todo el sistema ecológico
cambia. Y en estos momentos es lo que está sucediendo. Los
arbustos se están desvaneciendo junto con su equivalente
psicológico de las religiones y arte folklóricas
vivientes. El vacío psicológico se llena en parte con la
publicidad, otorgando alguna especie de entretenimiento visual, pero
sobretodo, por lo que llamo "psychokitsch" (psicotizante).
Cuando un coleccionista occidental le
preguntó a una tejedora de Afganistán si ella
sabía el significado de los símbolos geométricos
de su alfombra, ella le respondió, “Sí, pero no en
mi cabeza, en mi corazón”. Y nosotros le podríamos
agregar, que lo sabe en su corazón y en sus manos. El
entendimiento simbólico es el sentir y el actuar, que te llevan
a una conciencia de la acción, que sigue siendo muy distinta al
saber. El saber es el último paso, pero éste se nos puede
escapar en el aire sin el entendimiento simbólico como su
fundamento.
México
sigue siendo un país muy rico en religión y arte
folklóricos. Esto es una herencia muy valiosa de la que nosotros
podemos aprender muchísimo. Al decir "nosotros", incluyo a los
psicólogos europeos. El arte folklórico siempre es
religioso, porque expresa que “Debe haber más que el
todo”. Un jarro decorado o bellamente formado dice, “Hay
más en un jarro que su mera función”, lo mismo con
un pedazo de tela bordada. Con este “es más que” el
arte folklórico participa en el reino de la imaginación;
por decirlo de forma popular, tiene un pié en la vida
práctica cotidiana y el otro pié en el mundo en que las
cosas milagrosas pueden pasar. El arte folklórico y los
sueños son “un lujo necesario”. Podemos vivir sin
recordar los sueños, pero esa vida se acerca meramente al buen
funcionamiento, como una máquina bien aceitada.
Como contraste a las grandes
religiones, las religiones folklóricas y su arte se expanden
sobre áreas vastas y se parecen entre sí en esencia;
éstas nos brindan un terreno excelente para intercambiar
experiencias de entendimiento simbólico. Ahora procederé
a dar algunos ejemplos, tomando como punto de partida tres objetos de
arte folklórico mesoamericanos, que son parte de mi espacio de
trabajo y se han convertido para mí, debido a la naturaleza de
mi trabajo, en muy significativos. Los compré muy baratos en
Suiza, lo que significa que no cambiaron mucho de manos desde su
creación por el artesano hasta llegar a mí.
Vivo
y trabajo en las afueras de Zurich, en la casa de una granja que tiene
200 años, con muchos escalones, donde los cuartos se encuentran
en diferentes niveles y las proporciones de ángulos rectos son
raras. En la puerta que lleva de la casa al granero, cuelga una mola
que me da placer cada vez que la cruzo. La mola fue hecha por una mujer
Cuna, que vivía en una isla fuera de Panamá.
Anteriormente, las mujeres Cuna hacían molas preciosas para
ponerlas al frente de sus blusas; ahora también las hacen en
grandes cantidades para venderlas a los turistas o a tiendas de
artesanías y varían en diseño y calidad, pero la
técnica básica con la que las hacen es la siguiente:
Apilan capas de telas de diferentes
colores. Ésta, en particular, tiene tres: rojo, naranja y azul
marino. Primero van cortando la capa de tela de arriba, luego van
más profundo, de tal manera que se va revelando el diseño
que tenía en mente la creadora. Para lograr un efecto adicional,
agregan parches de diferentes colores que se entreponen o se sobreponen.
Los
diseños de molas se derivan originalmente de las decoraciones
del cuerpo. Las mujeres Cuna empezaron a usar blusas por la influencia
de los misioneros. Como último remanente de la pintura del
cuerpo, las mujeres Cuna siguen acentuando el borde de la nariz con una
línea negra. Pero la técnica de cortar la superficie para
mostrar lo que está adentro y el combinar tanto lo interno como
lo externo en un patrón significativo, nos sugiere que
está más relacionado con la costumbre de tatuarse que con
la de pintarse el cuerpo. El tatuarse era
practicado por muchas tribus y lo sigue siendo como parte esencial de
los ritos de iniciación, especialmente en la pubertad; pero
también, en diferentes etapas significativas de la vida. Esta
práctica es entendida como una forma simbólica de abrirse
hacia una vida espiritual interna, la religión de los ancestros.
La conciencia de poder participar en dos mundos, el interior y el
exterior, transforma al adolescente en un miembro adulto de la
comunidad tribal. Visto dentro de este contexto, se entiende
porqué una mujer Cuna adulta sigue usando su más bonita
mola en el baile de honor dedicado a una recién iniciada chica.
La aplicación
psicológica de lo que he aprendido en la creación de las
molas es algo simple, pero me llevó mucho tiempo descubrir lo
que estaba detrás de mi fascinación. Primero vinieron a
mi mente algunas memorias de infancia.
Cuando yo era niña, algunas
niñas mayores en la villa hacían unos tapetes muy
bonitos, para ponerlos junto a la cama (fue una moda temporal, no era
un arte folklórico suizo). Ellas ponían estrellas de
cartulina en un pedazo de terciopelo negro y le pegaban encima tres
capas gruesas de lana de diferentes colores. Después, el gran
momento llegaba –las estrellas se abrían y revelaban un
centro rojo, en medio azul, y un brillante contorno amarillo. Siempre
era una sorpresa, pues la combinación de colores variaba.
¡Cómo brillaban las estrellas sobre el terciopelo negro,
como un oscuro cielo nocturno!
También, recuerdo con pena y
culpa mi desilusión cuando abrí la panza de mi oso de
peluche y salió un relleno de aserrín café
grisáceo.
Estos recuerdos de niñez
rondaban en torno a la mola, lo cual lo hacia muy familiar. Ahora esto
me sirve como modelo para crear diferentes niveles de nuestra psique
visible. Cada campo psíquico tiene diferente tono o color
emocional. La psicoterapia, especialmente la aproximación
junguiana, puede ser entendida como un proceso lento de apertura
gradual al campo psíquico, capa por capa. Tienes que tener mucho
cuidado para mantener las capas juntas y que el total no se desmantele.
Para algunas personas es muy difícil aceptar que no son de un
solo color. El descubrir un color diferente bajo la superficie que
presentan al mundo los hace sentir inciertos y ansiosos, para otros es
un impacto moral. Es entonces cuando la labor del analista es sostener
y estabilizar al paciente, a través de su confianza en el valor
del trabajo conjunto. Pero ¿quién es el que corta?
¿El analista? Existen muchas respuestas a esta pregunta,
según la forma de las diferentes técnicas
psicológicas. En la técnica directiva, confrontativa, el
analista “abre” al analizado. Pero en la
aproximación indirecta ¿Quién es? ¿El
interior del analizado se abre? ¿Es la naturaleza misma?
¿Y cómo es que lo hace?
Cada noche soñamos y se abren
las profundidades de nuestra alma. Frecuentemente, antes de que
despertemos ya nos cerramos, pero algunas veces recordamos lo
soñado y el simple hecho de recordar un sueño cargado de
eventos emocionales, estados de ánimo e imágenes, es en
sí mismo una experiencia simbólica. Éste es el
recurso natural para la creación de molas y tatuajes.

A principios del siglo XX, artistas como Matisse, Picasso, Klee,
Miró y Kandinsky, volvieron sus ojos, para inspirarse, al arte
folklórico y tribal. Ellos eran ávidos coleccionistas.
Matisse, al final de su vida, hizo radiantes cortes de papel, sobrepuso
varios planos de papel de diferentes colores, cortándolos y
pegándolos alrededor, haciendo uso absoluto del espacio positivo
y negativo en juego. Comparando la
técnica de Matisse con la de las hacedoras de molas, su
técnica resulta mucho más compleja y sutil, ya que las
formas dan la impresión de que están en movimiento y
fijas sólo momentáneamente. Los cortes son como la
materialización del proceso psíquico que es visible en
los ritmos del sueño y vigilia y van de uno a otro
continuamente. Una influencia involuntaria entre abrir y cerrar todas
nuestras formas de comunicación.
Con frecuencia nos sorprendemos cuando
nuestra pareja no recibe nuestros hechos o palabras como lo
hubiéramos esperado. Nos sentimos rechazados o nuestra pareja se
siente herida. Lo que sucede es que todo tipo de comunicación es
siempre un riesgo, ya que nosotros no podemos ver dentro de la otra
persona. Entonces, de pronto un móvil colgante es la mejor forma
artística para mostrar las dinámicas de nuestros
movimientos psíquicos.
Por ejemplo, en un móvil
colgante de Alexander Calder, donde planos de diferentes colores
siempre están en movimiento; no obstante este movimiento es a
menudo difícilmente visible. Al tocar uno, todos empiezan a
columpiarse y tintinear, sobreponiéndose uno al otro o chocando
entre sí. ¡Imaginen dos móviles o más,
interactuando!. Esto nos hace percatarnos de los límites de
nuestro entendimiento y nos hace reír. Lo que nos permite seguir
en el juego es la confianza que tenemos en la sabiduría de la
vida.
(continuará el próximo mes)

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