 |
Editorial
Fata
Morgana,
S.A. de C.V.
Virgilio # 7 Desp. 12, Polanco, México 11560, D.F.
5280 - 0829 / 8137 /
0674
|
|
|
Tema
del Mes > Marzo 2007 |
|
|
|
"Alma e imagen"
La enfermedad y la
creatividad
Autor: Paul
Brutsche
Introducción:
El
texto aquí reproducido, con la amigable generosidad del
autor, sirvió al Dr. Paul Brutsche como manuscrito de la
conferencia para su ponencia de igual título, que tuvo lugar
el
1 de septiembre de 1988 dentro del marco de la exposición
“Alma e Imagen” en el Centro Cultural Seedam, en
Pfäffikon (Schwyz-Suiza).
Comenta la Dra. Maria Abac Klemm:
“Ya
muchos de Ustedes conocen al Dr. Paul Brutsche por su excelente
anterior
artículo (Tema del mes de noviembre 2006,
“Símbolos
y Transformación”).
Él es un especialista en la interpretación de
imágenes (pinturas, sueños, símbolos
en general) y del trabajo psíquico realizado a
través
de ellas.
Su sensibilidad artística le permite ayudar a los pacientes
a
encontrar formas de expresión de su alma a través
de la
creatividad. En él se reúnen la raras cualidades
del
acercamiento de lo racional y lo irracional, por ello puede
acompañarlos muy bien en los aspectos creativos.
En esta ocasión nos presenta un tema fascinante, la
naturaleza
de la enfermedad
psíquica y de la creatividad. No interpreta la pintura sino
que
nos lee la imagen y cómo ésta expresa la
relación
entre ellas. Esto nos permite apreciar más el valor de la
creatividad aún en situaciones difíciles e
incluso de
dolor.
Le damos las gracias al Dr. Paul Brutsche por esta nueva
colaboración con el tema “Alma e Imagen: La
enfermedad y la
creatividad”, y para nosotros es un honor compartir el
trabajo de él con Ustedes."
Alma e imagen
(Parte # 1 de 4)
Traducción al español realizada por la Dra.
Carmen Real,
supervisada por la Dra. Maria Abac y aprobada el Dr. Paul Brutsche.
NOTA:
Prohibida la utilización y/o reproducción parcial
o total
de la traducción al español de este
artículo,
por cualquier medio
impreso o electrónico, fuera de los fines de consulta y
lectura personal,
sin el consentimiento por escrito de Editorial Fata Morgana, S.A. de
C.V.
Me propongo ordenar mis reflexiones acerca del tema “Alma e
imagen” bajo la clave de lectura “enfermedad y
creatividad”. Estas dos palabras pueden crear la expectativa
de
que se trata de reflexiones filosóficas, o al menos hacen
temerlas. Según sea la expectativa del lector
podría
desilusionarle o bien tranquilizarle, pues mi punto de vista es aquel
desde el cual podamos pensar, gracias a la paciente
observación
de una serie de cuadros realizados por un solo individuo, en la
naturaleza de la enfermedad psíquica y de la creatividad.
Por lo
tanto, no intentaré comentar algo sobre pinturas de personas
psíquicamente enfermas sino leer en esas
imágenes.
Procuraré percibir lo que el alma dice a través
del
cuadro sobre la experiencia del estar enfermo y de la creatividad.
Las ocho pinturas de una extensa serie de cuadros representan una
pequeña parte de los cien trabajos de un hombre de 37
años. Este hombre estuvo varios años
hospitalizado y en
los intervalos clínicos estuvo bajo tratamiento
analítico
ambulatorio. El diagnóstico era muy desigual e impreciso y
abarcaba tanto la depresión endógena como la
esquizofrenia maníaca. Conocí al hombre bastante
tiempo
después de que él superara la fase aguda de su
enfermedad. El me consultó a fin de observar y hablar sobre
esas
pinturas.
Primera imagen: El escenario
El
pintor está frente a nosotros en el centro de la imagen. Se
presenta en el escenario de un circo. Detrás de
él hay
dos elefantes. La auto presentación se completa por los
alegres
suaves colores del encuadre. A primera vista, un cuadro alegre, un
cuadro en el que la diversión de la feria y de la
“ligereza del ser” están en concordancia
o
armonía con el circo. Pero esta primera mirada puede ser
engañosa. Escenario, circo, feria son en realidad lugares
donde
la gente se agolpa, donde el público camina
apretujándose, donde los actores y los espectadores se
confunden
en una risueña fiesta. Pero aquí en este cuadro
se trata
de un solitario –no hay acompañante-, o sin
público
concreto, sólo un hombre indefinible frente a los
anónimos ojos del observador, ante quien presenta su aspecto
correcto.
Un solitario en el umbral
entre la
habitación de un mundo privado y la apertura de un mundo
público. Entre ambos mundos falta la interacción
vital,
el puente, no hay comunicación de uno con el otro, de
adentro
hacia afuera. Él, el que se presenta, no se expresa, no
emite un
gesto que venga de adentro y que se dirija al que está
enfrente.
Él se encuentra metido dentro de un actitud convencional
exageradamente correcta, está ensimismado y absorbido por
esta
actitud de corrección. Anímicamente ausente,
parece ser
que, no tan sólo su mano derecha ignora lo que hace su
izquierda, sino todo su ser parece desconocerlo.
Una figura de elefante,
una fuerza
arcaica y oscura, de la cual el dibujante no está totalmente
consciente, en tanto que no aparecen en su totalidad dentro del marco
del cuadro, parecen detener su marcha hacia afuera e impedir su avance.
Cabría preguntarse si la imagen no podría estar
expresando la situación de una persona que fue educada en la
frialdad del orden de un comportamiento esquemático, que
creció en un sistema familiar en el cual, sobre todo en lo
relativo a la organización, el individuo debía
ajustarse
al orden reinante entre las cuatro paredes.
Acaso exprese la estrecha
relación con el espacio anterior de la educación
familiar, una educación de carácter teatral que
se
escenificaba delante de un público imaginario, delante de
alguien omnipresente, enfrente de los críticos ojos de los
otros, ante los cuales debían presentarse como familia
perfecta
con niños bien educados o de buenas maneras, a los que sin
embargo realmente nunca se hubiera animado a salir a ese espacio
desprotegido de la vida. La presencia de una figura de elefante, es
decir algo con una arcaica fuerza aplastante, obliga con su imponente
aparición del mismo modo que podría hacerlo la
violencia
educadora de los padres, que se presenta no con palabras personales,
sino como una opresión anónima, como una
exigencia
irracional, razón por la cual aparece en el cuadro como una
figura animal impersonal; esta clase de presencia limita al dibujante
en su libertad y en su independencia.
El pintor ha sido
protegido, educado,
entrenado para representar, y esta violencia de la educación
familiar ha limitado su expresión personal. En vez de
expresión propia hay ajuste y adaptación. Ajuste
al molde
familiar, adaptación al encuadre dado por las normas de la
sociedad.
Considero que esta imagen
permite
algunas observaciones generales. De acuerdo con los conceptos en vigor,
se puede decir que ofrece la representación de un individuo
narcisista herido. Narcisista herido, es decir, un individuo que no
pudo sentirse a sí mismo ni encontrar su propio valor, que
no
pudo experimentarse por propia iniciativa como centro sino tan
sólo como parte de un sistema familiar, sistema orientado
según los valores colectivos trasladados a la estrategia
educativa por razones de prestigio, y que lo dirige externamente.
Narcisista herido, esto es, ajustado al hombre y el Yo puesto entre
paréntesis, primacía de la
civilización adulta en
oposición a la ingenua expresión originaria.
En consecuencia, algo de
esta
necesidad de espacio forma parte, a modo de factor de
restricción o condicionamiento social, de la experiencia de
debilidad del Yo de cada enfermo psíquico. Lo que
éste
necesita urgentemente es la experiencia de no estar emplazado como una
marioneta en un espacio existencial preestablecido ni de funcionar en
el escenario según los preconceptos educativos o
terapéuticos sino como ser humano, disponer de un espacio
vital
propio, experimentar el mundo lúdicamente, y expresarse
sobre el
mundo de acuerdo con su singular estilo.
Segunda imagen: Espacio interior
 El
espacio interior es el principal objetivo de toda terapia de
expresión propia y de creación. Ayuda al que
pinta o
dibuja, a través de una experiencia altamente efectiva, a
disponer de un espacio interior, de un espacio imaginario totalmente
personal, en el cual el mundo y la interioridad aparecen como polos de
atracción de la realización de la propia
creación.
Esta imagen expresa el efecto que provoca la creación de
imágenes. Pintar desarrolla un espacio interior, permite el
surgimiento de un ínter espacio, es decir, la transparente
realidad de un cuadro, en el cual la percepción externa y el
concepto o idea interna se encuentran en el acto de
representación. Esta imagen nos deja ante la duda de si
estamos
frente a un ventanal a través del cual contemplamos una
parte de
un paisaje real o si se trata sólo de un gran lienzo de un
paisaje. En este no saber se espeja la fértil paradoja de la
realidad de la imagen. En la composición de un cuadro
aparecen
objetos, personas, etcétera, es decir temas o asuntos que
pertenecen al mundo real, y en este sentido cada cuadro es una ventana
al mundo, pero al mismo tiempo estos objetos y personas aparecen como
productos de una creación propia, y en este sentido cada
cuadro
es una pintura subjetiva del mundo. En esta posición
intermedia
entre reproducción del mundo exterior y expresión
del
mundo interior en el enfermo, la imagen asume aquella
función
que tenía cuando niño. En la medida en que se le
permitía, en la línea límite entre las
necesidades
internas y las posibilidades externas, al dibujar o jugar el
niño creaba una base, un contenedor para una
comprensión
de sí mismo y un comportamiento adecuado. Si no se le deja
porque el entrenamiento de la educación parental parece ser
más importante que el lúdico impulso creativo, se
anulara su experiencia individual y su síntesis personal.
Afuera
es absorbido por la imagen colectiva directriz y dentro por la imagen
colectiva ancestral.
Desde un punto de vista terapéutico, podemos entender la
actividad de pintar tanto como el revivir una función de
síntesis conmocionante, o bien el revivir una
representación de sí mismo en la superficie de
práctica que ofrece el cuadro con su realidad
intrínseca
fluctuante entre el afuera y el adentro.
(continuará
el próximo mes)

|
|