 |
Editorial
Fata
Morgana,
S.A. de C.V.
Virgilio # 7 Desp. 12, Polanco, México 11560, D.F.
5280 - 0829 / 8137 /
0674
|
|
|
Tema
del Mes > Marzo 2006 |
|
|
|
Carta al Editor
Por Max
Echevarría
Señores:
Hay cosas que son símbolo de lo mal que andamos. Por
ejemplo,
tomemos al pan de El Globo. Desde que El Globo dejó de ser
una
empresa familiar de los señores Laposse y fue adquirida por
los
intereses del señor Slim y más tarde por Bimbo,
de los
señores Servitje, a mí me parece que se
sacrificaron el
sabor, las recetas y la frescura tradicionales, en aras de la
industrialización y masificación.
Puede usted constatar que hay muchas más sucursales de El
Globo.
Han brotado por todas partes y deberíamos estar muy
contentos de
que las haya, pero es notorio -todo el mundo me lo confirma- que el pan
no es el mismo de antes, ni los famosos Garibaldis, ni las Magdalenas
están hechas con la misma receta, ni el pan dulce
está realmente fresco.
¿A quién reclamarle cuando el Croissant
que compré con la ilusión de toda una vida, no es
de ese
día (y se nota)? ¿O cómo expresar la
frustración de experimentar que el Brioche
del Globo ya no resulta tan diferente del que puedes comprar en la
panadería del Wal-Mart o del Sam's (hechos con
"auténtica
mantequilla", según estos mega-establecimientos nos
presumen)?
No me resigno a la pérdida personal que todo esto
representa.
Por ejemplo, me duele ya no encontrar en El Globo al famoso gâteau
Saint-Honoré
que antes comprábamos para las ocasiones especiales,
bañado de azucar cristalizada convertida en una hilatura
transparente, con su borde hecho de choux rellenos de
crema pastelera de vainilla y chocolate, un verdadero mosaico de crema
bicolor contenida en una costra de pâte
frissé o feuilleté
de inmejorable factura, ¡qué locura era aquello!.
Pero resulta mucho más reprobable que el glaseado que
precede a la aplicación de los chochos de los Garibaldis ya no
posea el recuerdo agridulce de la mermelada de chabacano. Y
más penoso me resulta degustar una Magdalena
de evocación proustiana, sólo para encontrar que
su
resequedad delata la hechura de antier y la trampa de hoy,
¡qué miopía!.
En fin, que ruego a usted publique esta nota, con la esperanza de que
esta sentida queja caiga en tierra fértil y así
logremos
que las cosas regresen a su lugar.

|
|