Para
Editorial Fata Morgana, el 2008 fue un año de
concienciación de la muerte natural -con despedidas de gente
querida- y de la violencia social y lo titánico
contemporáneo. Pero también hemos dado la bienvenida a
nuevos y valiosos colaboradores, lectores y contactos del mundo
junguiano (en España, Sudamérica y México,
principalmente).
Están entre los colaboradores cercanos a quienes deseo hacer un
reconocimiento especial, por su labor en este período (citados
en el orden que recuerdo ahora, todos de igual importancia y temiendo
olvidar mencionar involuntariamente a alguien): Patricia Ortega
Henderson, Luis Audiffred Pinedo, Felipe Omaña Sánchez,
Daniel de Laborde Iturbe, Margitta Schöeler, Georgina Robles, Juan
Carlos Rodríguez Leal, Jorge Luis Vázquez Ochoa, y por
supuesto de nuestro colaborador permanente, el Dr. Paul Brutsche.
2008 significó para la editorial una nueva etapa de
creación, ya que después de un año de receso
editorial pudimos publicar el libro "La personalidad velada", y estamos
ya muy avanzados en la edición de otro nuevo: "El alma
vacía y el erotismo insustancial", del doctor Adolf
Guggenbühl-Craig† (como un homenaje póstumo a quien
me enseñó tanto acerca del mundo de la psique, en esas
pláticas al mejor estilo de la antigua Europa: "En el goce de
cocinar las ideas acompañados de una sabrosa comida y una buena
copa de vino.")
Acerca de lo concienciado en el año sobre la violencia social,
sobre el mundo titánico, sincrónica o coincidencialmente
el Dr. Javier Castillo Colomer, analista junguiano español, me
hizo llegar un ejemplar de su reciente publicación: "De lo
dionisiaco a lo demoníaco", que va mucho con una de mis
preocupaciones: el aspecto de Dionisos y el diablo. ¡Gracias
Javier, y a su editora Elena Diez de la Cortina, por ese hermoso regalo!
El alto estrés que sufre actualmente el Ser Humano, debido a la
forma titánica contemporánea de ¡lograr, lograr,
lograr!… ¡alcanzar, alcanzar, alcanzar!, y las
dificultades provocadas por los estrechos y sobrepoblados tiempos y
espacios contemporáneos, vuelven toda nuestra atención
hacia lo material titánico y dan un lugar secundario al
espíritu. Abrimos en esta forma campos o veredas hacia el mal,
ya sea físico (el estrés y la enfermedad), emocional
(desconecte con nuestras emociones), psíquico (la no
relación con el espíritu y el no hacer alma). Compensamos
con aspectos primitivos de las religiones o con la magia; nos adherimos
a las "nuevas" religiones occidentales (que resultan intelectualismos y
no realidades de alma, ya que no están bien integradas con
nuestras raíces); o, fanáticamente, nos aferramos a
creencias como: "Piensa positivo y todo va a ir positivo", "Lo que no
mata te hace fuerte", "Hay que sonreír a costa de lo que sea".
Entrar en el aspecto titánico es despedazar lo dionisiaco en
nosotros; el enojo, el rencor, el resentimiento, generados por la
frustración de no poder obtener lo "grandioso" material -los
titanes actuales-, aunado a un espíritu débil y
descuidado, y a un alma vacía, imposibilitan asimilar las
experiencias negativas como un aprendizaje que nos ayude a mejorar;
solo alimentan más enojo, más rencor, más
resentimiento, incluso generan odio, que impulsan a mayor
destrucción del gozo -lo dionisiaco.
Lo titánico nos vuelve desagradecidos. Nos pasamos pidiendo a
Dios o a los santos o la virgen, en la magia blanca o negra, etc.,
¡no importa a quien sea!, que nos proporcionen "MÁS". Yo
siento que el primer paso para salir del aspecto titánico
contemporáneo es aprender a ser agradecidos con lo que hay y lo
que tenemos, y no poner el énfasis en lo que carecemos. Dejar de
lado el aspecto heroico, aprender a disfrutar los pequeños goces
diarios: en lo sensual, lo corporal, lo que complace nuestra alma y
espíritu. Dejar de aspirar en forma titánica, voraz, a
"grandes cosas y logros": casas, coches, viajes, éxitos,
adquisiciones, negocios, ganancias, prestigio, etc., ¡grandes,
grandes, grandes!… ¡olvidando que en lo pequeño
está lo importante!, así como cada grano de arena hace
una playa. Cuando damos enormes zancadas por la vida, en busca de lo
que provoca que los otros nos envidien y admiren, se pierde el contacto
con lo humano-divino en nosotros y contactamos lo
humano-titánico. Me viene a la mente la película "Citizen
Kane", de Orson Welles, que ejemplifica este aspecto titánico.
Para cubrir la herida de amor, acumula poder, dinero, objetos, pero en
su crueldad, enajenado y ajenado, ¡olvida al amor y encuentra
sólo vacío!
Hace mucho aprendí a ser agradecida con mis maestros;
después aprendí también que con nuestros
colaboradores, empleados, hijos, etc., en general con todos aquellos
que, en la jerarquía social, están por debajo de
nosotros, igualmente debemos ser agradecidos… ¡agradecer
ennoblece el alma y estimula la lealtad y creación!
Otro aspecto de lo titánico es que nos hace ser poco amables,
gentiles, con el mundo, incluso con nosotros mismos. Una alumna
mía decía: "No tenemos tiempo de saludar a los amigos, de
escucharlos, de darles atención a nuestros hijos,
compañeros, colaboradores; a veces se van, mueren, y con
pena nos damos cuenta de que no pudimos decirles cuánto los
queríamos ni ser agradecidos con ellos."
En lo personal, una de las enseñanzas de estos años es la
gentileza, la amabilidad, hacia el prójimo. Más que
recibir amor, lo que cura la herida del amor es ¡dar amor!
Debemos aprender a cuidar y darle amor al cuerpo, alma,
espíritu, amigos, familia, a quienes nos ayudan y colaboran con
nosotros.
El Ser Humano se desarrolla en constante tensión entre diversos
opuestos, por ejemplo: lo animal y lo divino, lo titánico y lo
divino, etc. La tarea de nuestro proceso de individuación, o de
hacer alma, es humanizar estos opuestos y evitar identificarnos con
alguno de ellos.
¡Les deseo un buen año 2009!
Editorial Fata Morgana
Dra. María Abac Klemm
31 de diciembre de 2008